Blog
Transformación-Digital

El camino de la transformación digital

Publicado por  Oscar Lechago

En realidad, a la mayoría de empresas les falta realmente poco para afrontar lo que se ha denominado la transformación digital. El uso de la informática está presente desde hace muchos años, tanto para gestionar sus cuentas como para planificar sus compras y pedidos. La inmensa mayoría cuenta con presencia en Internet e interactúa con colaboradores y clientes por este medio. Los CAPEX de adquisición de nueva tecnología están en mínimos históricos gracias a las posibilidades que ofrece la Nube, la virtualización, el pago por uso… que transforma ese inmovilizado en un gasto recurrente OPEX. Realmente, lo único que falta es creérselo y encontrar la implicación decidida de las cúpulas directivas que acepten y lideren estos cambios en sus empresas para que la cultura de la transformación digital pueda extenderse.

Y esta revolución tecnológica está ocurriendo de forma realmente rápida. Diversos informes señalan que 8 de cada 20 industrias líderes en sus respectivos verticales sufrirán durante 2018 una disrupción en su entorno que las acercará más al precipicio de la irrelevancia. Hace cinco años, una licencia de taxi valía en la ciudad de Nueva York 1,2 millones de dólares… hoy cuesta 250.000 dólares. Échale la culpa a Uber si quieres, pero lo cierto es que los ejemplos se multiplican en todos los sectores.

Desde luego, no hay que correr como gallo sin cabeza. No es un proceso en el que haya que entrar a la carrera, sino teniendo las ideas muy claras de qué quiero digitalizar y qué puedo mantener digitalizado. Es cuestión de tener una clara estrategia. No se trata de abrir proyectos que no lleven a ningún sitio o se tengan que abandonar por falta de presupuesto o por obsolescencia tecnológica. Aunque queda lejos en el tiempo, el Pony Express fue una increíble innovación en su tiempo, reduciendo de un mes y medio a 10 días el envío del correo postal entre punta y punta de Estados Unidos mediante una red de postas, caballos e intrépidos jinetes. Pero no estuvieron atentos a lo que ocurría a su alrededor y en solamente 18 meses toda la infraestructura creada quedó en nada cuando el telégrafo logró conectar las dos costas norteamericanas. Como en todo, muchas empresas solo empiezan a dar el primer paso cuando ven los resultados positivos en su competencia, pero no se trata solo de copiar. Es cierto que hay muchos casos de uso resueltos con éxito que se pueden incorporar, y que existe un canal de integradores de soluciones que pueden ayudar mucho en la correcta elección.

Cuando uno se pregunta por el coste de afrontar la transformación digital, basta comparar lo que gastaba hace unos años una gran multinacional por tener en marcha su propio centro de cálculo, la inversión en programas hechos a medida para explotar su negocio y la cantidad de licencias informáticas que debía comprar anualmente con lo que se puede obtener hoy comprando a golpe de ratón en capacidad de computación y espacio de almacenamiento al momento, adquirir tecnologías de última hornada como la analítica Big Data pagando solo por el tiempo que se usen. Los programas de amortización y obsolescencia de hace unos años estaban calculados a cinco o más años; hoy día sería impensable esperar ese tiempo en introducir una innovación o un nuevo producto en el mercado. Los tiempos ya no se miden por meses, sino por semanas. El retorno de la inversión muchas veces hay que verlo también con coste de oportunidad que supondría no estar en el ajo. ¿Estás dispuesto a afrontar los costes de no transformarte?

Pero debemos tener todos en cuenta la transformación digital es un camino, no es una meta ni un objetivo. No llegará un momento que digas: Ya estoy transformado digitalmente. El mercado te va a reclamar qué tecnología es relevante pera tu negocio. La consumerización, la omnicanalidad, la fabricación bajo demanda… son conceptos que hay que aprender a manejar. Ya no basta fabricar lo que nos venga mejor y obtener los márgenes en función de los componentes que añadamos según nuestras negociaciones con proveedores. Cada vez más, se fabrica en función de las respuestas de nuestros clientes y consumidores, adaptando y personalizando en gran medida el producto final. Igual hay que cambiar el foco y empezar a intentar conocer más a nuestros clientes, por qué canales les gusta llegar a nosotros… Las decisiones empresariales deben contar con la aportación de los distintos departamentos comerciales, preventa, producción, informática, contabilidad. Básicamente la transformación digital parte y requiere de un cambio cultural.

Si tenemos claro que la tecnología es una herramienta para afrontar el camino – que no autopista – de la transformación digital, los términos Movilidad, Cloud, Big Data, IoT, Inteligencia Artificial, dejan de ser abstractos y tenemos que analizar cómo encajan de acuerdo a las condiciones de nuestro entorno, de nuestro modelo de empresa, de lo que ya tengamos y de a dónde queremos llegar. Está claro que, mejor que abordar un proyecto gigantesco que resultará más difícil de manejar y concluir, podemos optar por proyectos pequeños y troceados, fácilmente controlables pero que supongan claros avances palpables y cuantificables para ir ganando, poco a poco, experiencia y confianza. Pero no existe una fórmula alquímica para saber por qué tecnología empezar, es necesario hacer análisis previos de objetivos y definir una estrategia para alcanzarlos.

La base de la transformación digital es el cliente, con el que debemos tener mejores interacciones, incrementar la calidad y la cantidad de las mismas y, así también aumentar el número de clientes. Pero existen múltiples otros aspectos en los que la digitalización ayuda a tener la empresa bajo control. Todo lo referente a los pagos con Hacienda, con los bancos, con los proveedores está mejor gestionado, se automatizan las tareas y se evita saltarse los plazos. Respecto a la seguridad de las transacciones, el manejo de datos privados, el acceso a información crítica está mejor asegurado. El poder utilizar a nuestro favor la fuerza de las redes sociales, del inbound marketing, de los marketplaces, de las APIs públicas, el Block Chain, … solo es posible con procesos y metodologías digitalizadas. Desde luego, si no se empieza hacia adentro, ofreciendo herramientas digitales a los propios empleados, difícilmente seguiremos hacia afuera. O tienes empleados digitales o tienes artesanos.

Para ello, además de una dirección implicada y plenamente convencida de las ventajas de la transformación digital es necesario informar y formar mucho a los trabajadores. Las empresas que no ven clara la necesidad de actualizar contenidos y conocimientos entre sus trabajadores, no van a estar preparadas para jugar en esta liga. Y no solamente es cuestión de informar y formar, es necesario proporcionar las herramientas adecuadas. Las empresas que no provean de los medios de producción están condicionando su progreso. Hay tendencias como el BYOD o la consumerización en las que son los trabajadores los que se sienten más a gusto trayendo sus propios dispositivos al trabajo, y en los que, en un gran número de ocasiones, los equipos de los trabajadores son más avanzados que los proporcionados por la empresa. Todo ello dependerá de la cultura empresarial y el encaje de los trabajadores con la misma.

El papel que se ve más afectado en el mundo de la transformación digital es el CIO, que deja de dirigir lo que en ocasiones era considerado un servicio interno para convertirse en un motor de negocio que es primordial para el éxito de la compañía. Sin duda cuanto más cerca esté su opinión del centro de decisiones, más realistas serán los proyectos emprendidos. Debe tener las dotes de un consultor que conozca los fundamentos del sector en el que se mueve, estar al día de las tecnologías que se manejan en el día a día y cómo implementarlas y, sobre todo, por dónde soplan los vientos y poder adelantarse a las demandas de una sociedad cada vez más cambiante y globalizada. 

La clave para iniciar el camino de la transformación digital es estar preparado y dispuesto a cambiar y, una vez iniciado el camino, ser consciente que ya no podrás dejar de cambiar y que lo tendrás que hacer a una velocidad probablemente superior a la que estabas acostumbrado. 

 

Oscar Lechago

Responsable de Marketing Digital con una demostrada experiencia trabajando en la industria del sofware de negocio. Su trayectoria profesional le ha permitido desempeñar posiciones de jefe de proyectos en consultoría, responsable de usabilidad y product owner en R&D, así como product manager de social y movilidad. Experto en usabilidad, aplicaciones móviles, gestión de personas, SCRUM y LinkedIn, lleva desarrollando su posición en Marketing digital desde 2015.

Sígueme linkedin