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¿Cómo te va en Gran Hermano?

Ya han pasado 13 años de la entrada en escena de los reality shows en los que un grupo heterogéneo de personajes se encierra por semanas o meses en una casa, granja, isla o en cualquier otro lugar donde las cámaras los puedan tener controlados.

La proliferación de estos programas habla por sí sola de su éxito de audiencia. Son millones las personas que disfrutan observando el comportamiento de los participantes a través de su TV, convertida es una especie de “ventana indiscreta”, con el morbo de los enredos y discusiones que proliferan continuamente.

Por lo general ponemos el foco en las conductas extravagantes de los concursantes, sin considerar que en muchos casos estos comportamientos han sido estudiados y dirigidos por un equipo de guionistas que conocen perfectamente a cada personaje y lo han seleccionado para el programa de acuerdo a un perfil concreto. El desarrollo del programa se basa en hacer servir este conocimiento para crear las situaciones de conflicto, donde es previsible el comportamiento de todo el mundo. Podríamos decir que los concursantes son títeres en manos de un guion que prevé en todo momento sus emociones y conductas.

En esta línea, aún recuerdo el impacto que tuvo la película “El show de Truman”, imaginándonos la posibilidad de que un ente superior (en ese caso una productora de televisión) tuviera el control total de nuestra vida, desde el nacimiento, conociendo hasta el más mínimo detalle de nuestra historia y siendo capaz de modelar nuestro futuro, anticipando nuestra respuesta a cualquier situación.

Volviendo a la pregunta inicial de este artículo, os preguntareis a qué me refiero, porque la mayoría de vosotros no participáis conscientemente en un “Gran Hermano”… ¿Cuál es la realidad?

La proliferación del uso de internet, redes sociales y el almacenamiento masivo de nuestros datos hace que toda la información que se precisa para nuestro propio “show de Truman” ya esté disponible con mayor o menor nivel de protección: datos personales, de salud, laborables, bancarios, de aficiones, de afiliaciones, correo, fotos, vídeos… Todo está en internet.

¿Qué pasaría si toda esta información estuviera a disposición de entidades públicas o privadas?

Como hemos sabido recientemente por el caso Snowden, la Agencia para la Seguridad Nacional (NSA) y el FBI de Estados Unidos han tenido acceso directo a los servidores de 9 de las mayores empresas de internet. Por otra parte, empresas comerciales utilizan parcialmente esta información para redireccionar su marketing.

Posiblemente no seamos conscientes de esta situación, pero todos estamos viviendo continuamente experiencias dirigidas explícitamente hacia nuestro perfil y basadas en información disponible en la red. No es casual que cuando entramos en diferentes webs nos aparezca con insistencia información sobre un destino turístico, la navegación que hacemos por internet deja como huella unas preferencias e intereses que luego son explotados comercialmente a través de estrategias de marketing.

En todo caso es un camino sin retorno y nuestra información en la red será día a día más completa. Como no hay alternativa, dejemos que las autoridades realicen un buen control sobre el tráfico de información de carácter personal y centrémonos en la parte positiva de esta evolución y en las ventajas que puede aportar para particulares y empresas.

Internet se ha convertido en el centro de gravedad del conocimiento en general, siendo el principal medio para la búsqueda de cualquier tipo de información. Nosotros como usuarios de esta base de conocimiento, facilitamos conscientemente datos sobre nuestro perfil y preferencias a efecto de obtener una respuesta mucho más ajustada a nuestro interés.

¿Cómo convertir estos datos en valor para una empresa comercial?

Un modelo muy en uso es el llamado “retargeting”, o estrategia de re-insistir sobre aquellos clientes potenciales que mostraron un cierto interés sobre unos productos concretos. Por ejemplo, ha visitado la web de un fabricante de automóviles y ha visualizado la página correspondiente a alguno de los modelos. Imaginemos que el usuario no se ha identificado expresamente, pero si ha autorizado la grabación de cookies en su navegador, lo que implica estar identificado.

A partir de ese momento, el marketing online puede ser tremendamente eficiente. Utilizando esta información podemos personalizar la publicidad que se visualizará a este usuario concreto en su navegación por la web (prensa, deportes, motor, caza…) reincidiendo sobre el modelo de coche que consultó en su momento.

Esta es una forma de optimización del marketing: contacto directo con un cliente en potencia sobre un producto que ya sabemos de su interés y probablemente en el momento adecuado. Además, en este modelo la publicidad centra la inversión en estos contactos cualificados, evitando el desperdicio de los mensajes indiscriminados.

Como vemos todo son ventajas incluso para el cliente/usuario de internet, ya que recibirá información exclusiva sobre productos que con gran probabilidad son de su interés, pero debemos evitar que las decisiones individuales sean absorbidas por las estrategias de terceros. Por eso y volviendo sobre la pregunta inicial, sólo un consejo: seamos conscientes de nuestra participación en este “Gran Hermano” y actuemos responsablemente.

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